martes, 17 de septiembre de 2013

En el jardín (Ojo!!! es +18!!)

Estábamos de vacaciones en Buenos Aires con mi novio, aprovechando a disfrutar algunos días libres de nuestras obligaciones. Habíamos tomado la costumbre de ir a almorzar al Jardín Japonés, como nuestro hotel quedaba a varias cuadras de allí preferíamos viajar en el autobús. Como todos los días estaba atiborrado de chicos y adolescentes que salían de la escuela. Y el espacio se hacía sumamente pequeño y todos terminábamos pareciendo una marea de gente apretada. A mí me encantaba esta situación de apretujamiento humano, sobre todo porque mi amor siempre se ponía detrás de mí para “protegerme” de apoyadas ajenas. Su parte baja encajaba perfectamente en mis nalgas, paulatinamente con el movimiento de gente su miembro se iba endureciendo cada vez más haciendo presión en mis pliegues. Era tan excitante saber que de sólo apoyar su cuerpo contra el mío se sentía excitado, el desgraciado aprovechaba el movimiento natural del colectivo para acomodarse mejor en ese lugar cálido que deseaba ser atendido, con cada frenada brusca del conductor me apretaba aún más con su prominente entrepierna tomándome por la cintura con su mano libre para que no me escapara. Ya cerca de nuestro destino el autobús se fue despejando de apoco, mientras nosotros seguíamos súper entretenidos con nuestro juego, de repente al dar vuelta la cara veo que un asiento cuádruple (son esos asientos de a dos que están uno frente al otro) había dos lugares libres justo enfrente de una hermosa chica que aparentemente salía de la oficina, nos miraba fijamente como si se hubiera dado cuenta de nuestros toqueteos anteriores. Mi novio se puso su morral en la falda y me miró de reojo, yo apoyé mi bolso sobre mi falda y muy disimuladamente mi mano comenzó a acercarse hacia su dureza la cual tomé con ahínco apretandola un poco suave primero y luego con mayor presión; él acercó su mano a mi entrepierna por debajo de mi falda; llegó hacia mi centro que ya estaba húmedo y caliente. Yo no pude disimular mi cara de placer cuando tocó mi clítoris por sobre mi tanga que comenzaba a mojarse, la chica comenzaba a moverse inquieta en su asiento (calculo que buscaba frotar su clítoris con la costura de su jean). La masculinidad de mi chico estaba lubricada y muy caliente. Yo quería que llegáramos rápidamente a destino. Planificaba encerrarlo en el baño de mujeres del restaurante. El exhibirme de esa manera ante una joven desconocida me había puesto como loca. Seguimos manoseandonos mutuamente hasta que llegamos a nuestra parada, la erección de mi chico era considerable por lo que tuvo que taparla con su morral. Entramos al restaurante y nos sentamos en una mesa cercana a los baños, cuando terminamos de hacer nuestro pedido nos levantamos y encaramos para los baños, vimos que nadie nos observaba así que nos metimos los dos en el baño de mujeres, pusimos la traba y comenzamos a besarnos de manera feroz. Quería sentir toda su longitud en mi interior llenándome completamente como lo hacía siempre. Levanté mi falda, bajé la tapa del inodoro para poder poner mis rodillas sobre la misma, apoyé mis manos en la pared y giré mi cabeza hacia él para ver que hacía ante esta situación anormal para nosotros. Ni lerdo ni perezoso tomó entre sus manos su miembro y empezó a frotar el borde de mi humedad torturándome, acercándose de a poco y cuando pensé que sólo me iba a dejar así de caliente como estaba clavó su estaca hasta llegar al borde de mi matriz. Yo no podía contener los gemidos que brotaban desde el fondo de mi pecho, no me importaba si nos escuchaban y nos echaban del lugar. Con el aumento de mis gemidos sus embestidas eran cada vez más rápidas ya ninguno de los dos aguantábamos. Llegué yo primero al orgasmo explotando de placer, a él todavía le faltaba un poco así que me zafé de sus estocadas y tomé cartas en el asunto metiendo con mucho placer su dureza en mi boca, sobándoles los testículos con mi mano libre. Pude notar cuando estaba llegando al borde de su orgasmo y lejos de alejarme de esa explosión de esperma apreté mi boca aún más recibiendo en ella todos sus jugos. Qué delicia era, nunca había llegado hasta este extremo con él. Me dio las gracias por haberle hecho tener esta hermosa aventura, nos arreglamos y como si nada hubiera pasado nos sentamos a disfrutar nuestro almuerzo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario